12.4.09

John Zerzan


©2009, Pepe Rojo


John Zerzan escribe su crítica a la civilización lidiando con varias paradojas. Pero las paradojas entre las cuales se mueve son imposibles de evadir pues parecen tocar la carne viva de nuestros problemas. Pocos escritores igualan su tono apocalíptico y pocos son tan certeros para explicar las miserias de nuestros tiempos. Pero al mismo tiempo, y a diferencia de sus colegas contemporáneos, Zerzan ofrece una utopía, una vía de escape, seductora y terrible, radicalmente distinta a las opciones que los intelectuales contemporáneos pueden ofrecer. Profundamente antireligioso, Zerzan revive la historia de un Edén, de un paraíso terrenal, y le apuesta a su existencia. Clínicamente racional, y utilizando argumentos científicos, desconfía ampliamente de la ciencia, y finalmente, del mismo lenguaje con el que expone sus ideas, de la misma racionalidad con la que argumenta la necesidad de librarnos de la razón. El camino que recorre Zerzan está lleno de trampas y de agujeros sin fondo, y en ellos encuentran placer sus críticos.
Zerzan propone que la única salida, la única posibilidad que tenemos ante la crisis humanitaria y natural que estamos viviendo es el desmantelamiento total de la civilización. La cultura es una enfermedad de la que sólo nos podremos liberar al erradicarla. Gran parte de su obra se dedica a la crítica de la cultura y la civilización en sus diferentes aspectos. La historia de la humanidad se ha reducido a la historia de la cultura (y las pinturas rupestres, de aproximadamente 30,000 años A.C. se convierten en el hito inaugurador), y la historia de la cultura es la historia del control. El mecanismo básico de la civilización es la domesticación de la naturaleza, y su forma más evidente es la agricultura, que tiene como resultado la sedentarización del ser humano. Este cambio de estilo de vida conlleva la especialización, es decir, la división del trabajo, que trae consigo la creación de clases, con su consecuente jerarquización y la concentración de poder. La idea de dominio permea toda la dinámica de la civilización. Zerzan encuentra en el inicio mismo de la historia los mecanismos que en el proceso moderno se preceden con el prefijo "híper". Nuestro malestar, llamado civilización, se encuentra ahora en un estado exacerbado.
La noción de control de la naturaleza implica un estado de separación de ella. Zerzan encuentra en el ritual y el lenguaje simbólico el origen de dicha separación. La historia de la cultura es también la historia de la re-presentación, de la mediación. El arte, y la búsqueda de la trascendencia se vuelven entonces la repetición de las condiciones de la separación. Es decir, el arte (o el número, la palabra y la abstracción) produce una experiencia mediada que nos hace sentir cierta inmediatez, pero sólo mediante los mecanismos que permiten la mediación (usar el lenguaje para permitir la experiencia de la ausencia de lenguaje, por ejemplo), y por lo tanto se vuelven instrumentos de control ( "hablar es mentir, vivir es colaborar", decía Burroughs). La cultura y el arte nacen simultáneamente, Así, la historia de la cultura, y su riqueza y sus logros y sus tesoros, son tan sólo propaganda. Pensamos que domesticamos la naturaleza, pero nos hemos domesticado a nosotros mismos. Sabemos por qué canta el pájaro enajulado.
El campo académico entonces, cuando intenta ser crítico, sólo puede producir dos tipos de teorías. En un grupo se encontrarían las teorías de "más de lo mismo" y por el otro las teorías de la resignación. En el primer grupo encontramos las teorías que se aferran a la "enfermedad" y la proponen como cura. Para solucionar los problemas que ha traído el progreso, necesitamos más progreso, para solucionar los problemas de la tecnología, más tecnología, y para solucionar los problemas de la razón, aún más razón (la postura moderna, por llamarla de una manera, incluyendo la hipótesis de que todavía no se ha llegado a la modernidad). Las teorías de la resignación se caracterizan por hacer un diagnóstico correcto que al mismo tiempo nos deja indefensos. Son teorías que critican la civilización y que encuentran elementos nocivos en ella (como el piscoanálisis por ejemplo, que relaciona directamente la cultura y el lenguaje con la represión, o Derrida, y su elección de lo "menos peor"), pero que se resignan, puesto que no hay otra opción contemplable. Aunque los efectos de la civilización sean terribles, mejor eso que nada. Es como enamorarse de la enfermedad, a falta de opciones.
Es en el miedo a la desaparición de la civilización donde Zerzan se permite construir una opción. Normalmente, se piensa que la ausencia de civilización (y sus formas más actuales, la ilustración y lo moderno), traería sólo barbarie, una especie de baño de sangre y conflicto perpetuo. Es decir, se parte, en contra de varios diagnósticos del siglo XX, de que la civilización ha sido benigna. Pero Zerzan afirma que la historia de nuestra especie en este planeta no se reduce a los últimos 32,000 años. Nuestra especie lleva en el planeta casi dos millones de años, la civilización sólo ha sido un camino equivocado, tomado recientemente, que ha provocado que estemos a punto de acabar con el mundo. Para revivir al "noble salvaje" de Rousseau, Zerzan utiliza lo que denomina como la más reciente tendencia de la antropología y los estudios sobre la vida de los cazadores-recolectores. El más logrado recuento de estos descubrimientos es su ensayo "Futuro primitivo" (cuya lectura recomiendo ampliamente), en el que Zerzan encuentra en diversos estudios de antropología que la vida de los cazadores-recolectores no es tan terrible como nos la han pintado. Mayor salud, mayor bienestar, más tiempo de ocio. Sin división de clases, sin guerras y sin división del trabajo a partir del sexo; sin propiedad privada, sin escasez de recursos, y sin intermediarios, Zerzan plantea un paraíso terrenal que existió previamente a la civilización, y como prueba trata de reconstruir a partir de los datos disponibles esos 1.8 millones de años en los que nuestra especie se adaptó al mundo. El trabajo es evidentemente especulativo (debido a la ausencia y parcialidad de los datos que se pueden extraer de la prehistoria), pero Zerzan construye (o revive, dependiendo de nuestra posición al respecto) una utopía (quizás la última), una opción, que muestra una salida del laberinto en el que la teoría crítica y la ciencia nos han encerrado.
Para Zerzan los humanos prehistóricos no eran brutos salvajes, poseían una vitalidad e inmediatez unida a una destreza manual y a un conocimiento profundo del mundo que los rodeaba. Pensar que el lenguaje simbólico es el vínculo social es negar ingenuamente que hubo vida social en los 1.8 millones de años que preceden a la civilización. Quizás su hipótesis más radical y controvertida es la explicación de por qué la agricultura apareció tan tardíamente. Zerzan especula que varios grupos cazadores-recolectores descubrieron la agricultura, y que la rechazaron al darse cuenta de sus efectos (para una crítica a la postura antropológica de Zerzan y su proyecto "ideológico", seguir este link).
Zerzan dedica parte de su escritura a la crítica de un sistema, y le gusta hacerlo temáticamente, así, escribe ensayos sobre el tiempo ("El tiempo y sus descontentos"), la reificación ("Esas cosas que hacemos"), la psicología ("La psicología de masas del sufrimiento"), el arte ("El caso en contra del arte") y los sistemas musicales contemporáneos ("Tonalidad y totalidad"). Uno de sus ensayos más famosos, "La catástrofe de la postmodernidad" es una de las críticas más certeras a uno de los sistemas de pensamiento más influyentes de la actualidad. Pero en más de un sentido, y en esta maraña de paradojas, Zerzan comparte una visión postmoderna. Su estilo literario es el del "QJ" (quote jockey), y sus ensayos están salpicados de citas (como el disc jockey que mezcla canciones) y referencias, cuyo efecto literario es abrumador (y que permite a sus críticos asegurar que tanta cita sólo confunde el argumento validándolo al otorgarle al escritor un conocimiento superior al del lector y manejando las citas para que el argumento por jerarquía funcione). Al igual que los postestructuralistas, Zerzan encuentra un límite en el lenguaje, pero a diferencia de ellos, Zerzan encuentra una vía de escape. La teoría postmoderna, según Zerzan, es una de las más tristes teorías de la resignación. Más allá del lenguaje, dicen, no hay nada, es imposible desembarazarnos de él. Y por eso el cinismo y la ironía se vuelven la única respuesta ante la impotencia postmoderna. Una paradoja más: Zerzan tacha de pesimistas a los postmodernos, mientras asegura que la civilización no tiene solución.
La teoría de Zerzan es una meta-teoría, pues intenta explicar el resto de las teorías e intenta abarcar la totalidad de la experiencia humana en este planeta. Al igual que las teorías de Marx (a quien Zerzan critica seguir confiando en la producción) y Freud (a quien critica su resignación a lo civilizado), el sistema de pensamiento de Zerzan es totalitario, puesto que trae empotrado un loop extraño común a todas las sociologías del conocimiento; según Robert Anton Wilson: la oposición a la teoría se invalida mediante un mecanismo teórico (el que niega el psicoanálisis está reprimiendo, negando o racionalizando, el que niega las ideas de Marx tiene intereses de clase, el que niega a Zerzan está atrapado por las trampas de la civilización). Los textos de Zerzan son monotemáticos, busca, desde varios ángulos, probar el mismo punto: o acabamos con la civilización o ella acabará con nosotros. Como prueba propone un espejo: nuestras vidas domesticadas. Zerzan encuentra la manera de liberarnos, pero exige un compromiso total. Tiene la vehemencia de un predicador de esquina.
Zerzan edita desde Eugene, Oregon la revista "Green Anarchy", y es considerado (o se le ha a acusado de ser) el ideólogo de los black blocs (los grupos de choque radicales del movimiento antiglobalización). Zerzan propone un "manos a la obra" que implica un re-encuentro con la naturaleza. Casi en contra de todo, Zerzan no encuentra amigos fácilmente. Los escritores, los académicos, los artistas y los científicos prefieren los espacios cerrados.

Quizás en ese sentido habría que pensar dos películas del nuevo milenio: Grizzly Man (Herzog, 2005) e Into The Wild (Sean Penn, 2007). La primera es un documental sobre Timothy Treadwell, quien decide pasar su tiempo con osos grizzly, documentando todo con su cámara de video (quizás resulte revelador que mis alumnos de cine pensaron que era un mockumentary), la segunda es una dramatización de la vida de Christopher McCandless, quien decide, entre otras cosas, quemar su dinero y enfrentarse a la naturaleza directamente. Ambas historias terminan trágicamente, y ambas películas encuentran un lado romántico en la tragedia de un hombre civilizado actual, que al tomar la decisión de enfrentarse directamente con la naturaleza, no tienen la capacidad de lograrlo. Fuera del contexto de las películas, ambos casos han sido estudiados como suicidios y han generado una especie de culto alrededor de los personajes de la vida real. Pero también es un hecho que cualquiera de nosotros, enfrentado a la naturaleza, lleva las de perder, y no es un problema inherente al ser humano, pero sí del hombre civilizado, incapaz ya de relacionarse con el mundo sin mediaciones.

Zerzan se convierte así en el más radical crítico de nuestro estilo de vida. Otra paradoja: el más revolucionario es un retrógrada. Zerzan intenta explicarlo:
"El cambio no se trata de:
  • →buscar fuentes de energía "alternativas" para darle combustible a todos los proyectos y sistemas que no se debieron haber empezado en primer lugar;
  • →ser vagamente "post-Izquierda", el disfraz que algunos adoptan para no cambiar su orientación (izquierdista);
  • →proponer una orientación "anti-globalización" que es todo menos eso, dada la aceptación casi universal del sistema industrial global totalizador por parte de los activistas;
  • →preservar el orden tecnológico, mientras se ignora la degradación de millones y la destrucción sistemática de la tierra que son la condición de existencia de cada componente de la tecnocultura;
  • →asegurar -como los anarquistas- la oposición al estado, mientras se ignora el hecho de que este acomodo global hipercomplejo no podría funcionar un sólo día sin varios niveles de gobierno.
El camino está abierto para un cambio radical. Si la sociedad compleja en en sí misma el problema, si la sociedad de clases comenzó con la división del trabajo en el Neolítico, y si este Brave New World que ahora se mueve hacia adelante nació con el cambio hacia la vida domesticada, entonces todo lo que damos por sentado queda implicado."
Zerzan es una de las figuras claves del "primitivismo" o "anarquismo primitivo" y sigue escribiendo el diagnóstico más radical de la patología de la civilización. Al referirse a su literatura, la palabra "contracultural" nunca había sido usada tan acertadamente.

Tijuana, febrero de 2009.

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Expediente Rojo
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